El caso de Juan es cierto que no es un caso habitual que ocurra en los niños, pero sigo opinando que no tiene por que ser un problema físico, sino más bien psicológico, es posible que el niño haya sufrido una caída que le haya podido frenar en su curiosidad por andar, de todos modos esto lo tendrá que analizar un pediatra.
Los niños que sufren al nacer un problema en el sistema nervioso motor o bien en el sistema muscular, a la larga pueden ser un problema en su desarrollo, pero si estos son grabes deberían de haberse detectado a través de las revisiones periódicas realizadas por el pediatra, de todos modos si es un problema inferior podrá ser tratado y conseguir que el niño camine, con tratamientos ordenados por el especialista y haciéndolos constantes por la familia y la escuela pueden llegar a dar frutos y solventar el problema.
De todos modos i el problema es psicológico, poco a poco el niño adquirirá, nuevamente la confianza y madurará nuevamente para poder comenzar a dar sus primeros pasos, también hay niños que son menos activos y también que sus padres se lo dan todo demasiado fácil, esto suele ocurrir en los padres primerizos, de todos modos el niño acaba madurando y necesita ser autónomo en sus actos y satisfacer sus necesidades sin la ayuda de nadie.
La educadora de Juan, tiene que ser paciente, aunque sigo pensando que debe avisar a los padres del problema y que estos analicen si es que Juan lo tiene todo demasiado fácil, también deberán llevarlo al pediatra para quedarse más tranquilos y también que Ana se quede más tranquila, ya que siempre puede haber alguna duda sobre la salud de nuestros pequeños.
En conclusión, tanto los educadores como los padres son un papel muy importante en la vida de los pequeños, que tienen que hacer lo posible para que estos avancen en su desarrollo, tanto físico como psíquico.




